PARÍS (AFP) - Dirección colectiva, entradas gratuitas, abolición de las "estructuras reaccionarias" de la cinematografía francesa: la utopía invadió en mayo de 1968 el Festival de Cannes e inflamó brevemente el Séptimo Arte.
"Transformar el sistema, las condiciones en las que se ha encerrado el cine de Francia, hasta encontrarse cortado de toda realidad social y política": tal era la ambición de los Estados Generales del Cine francés, que se iniciaron en París el 17 de mayo, afirmaba entonces la revista Cahiers du Cinéma. Durante dos semanas, unos 1.500 estudiantes y profesionales debatieron y elaboraron proyectos de transformación del cine, cuenta Antoine De Baecque en su libro 'Les Cahiers du cinéma, histoire d'une revue'.
Esa misma tarde, se decidió la huelga de los obreros de los estudios cinematográficos y el envío a Cannes de una moción que instaba a directores, productores, distribuidores, actores, periodistas y miembros del jurado a "oponerse a la continuación" del Festival, que había empezado el día 10. Es hora de manifestar "solidaridad con los trabajadores y estudiantes en huelga" y de protestar por "la represión policial" a fin de "contestar el poder gaullista y las estructuras de la industria cinematográfica".
Enviados a Cannes por los Estados Generales del Cine, los directores Jean-Luc Godard y François Truffaut exhortaron el 18 de mayo a críticos y cineastas a interrumpir el Festival. La gran sala del Palacio de Festivales fue ocupada inmediatamente. En medio de un estruendoso debate, ante un público enardecido, un grupo de cineastas rebeldes, entre los cuales Jean-Luc Godard, se colgaron del telón para impedir la proyección de 'Peppermint frappé', del español Carlos Saura.
Robert Favre le Bret, presidente del Festival en la época, argumentó que "Cannes no es ni rojo ni blanco, ni burgués ni proletario. Su única ambición es seguir siendo lo que es, es decir, la más importante cita anual del mundo del cine". No obstante, el 19 de mayo al mediodía, clausuró el festival, a su pesar.
Entre tanto, en París, se organizaban comisiones de trabajo abiertas a todo el mundo, y estudiantes, directores y técnicos lanzaban el 19 de mayo la consigna de huelga ilimitada y de ocupación. La única excepción fue la autorización de rodaje de películas no firmadas siempre y cuando estuvieran dedicadas a los movimientos obrero y estudiantil.
El 21 de mayo, los Estados Generales del Cine declaraban "abolidos los privilegios" y las "estructuras reaccionarias" del Centro Nacional de Cinematografía francés (CNC), cuya "existencia, representatividad y reglamentos no son reconocidos por la profesión".
Del 26 de mayo al 5 de junio se redactaron proyectos para dotar al cine francés de nuevas estructuras. La "línea general" -en homenaje a Eisenstein, defendida por Jacques Rivette, Jean-Pierre Mocky, Alain Resnais y Jean-Louis Comolli- proponía reemplazar una industria de lucro por una economía autogestionada, en la que los salarios de todos, desde productores hasta proyeccionistas, fueran repartidos de manera igualitaria.
Otra, defendida por Michel Cournot, Claude Lelouch y Jean-Gabriel Albicocco, defendía encargar la producción de películas a "grupos de creación" descentralizados. La medida más revolucionaria, defendida, entre otros, por Claude Chabrol, contemplaba la entrada gratuita a los cines, gracias a una contribución financiera de "todo el país".
Pero, el 5 de junio de 1968, los Estados Generales no lograron ponerse de acuerdo sobre una síntesis de las diferentes propuestas, y sólo adoptaron una breve "moción final".
La "sociedad de cine en la que el derecho de cada uno es participar con otros para la plenitud de todos" continuó siendo una utopía, pero el Festival de Cannes siguió adelante, pese a que la prensa de la época lo dio por muerto y enterrado antes de tiempo. "El Festival de Cannes ha muerto. Nos corresponde a nosotros ahora hacer la autopsia del cadáver. Es una tarea que nos repugna, pero que es necesario asumir puesto que ha habido crimen", acusaba el periodista André Lafargue en el diario Le Parisien Libéré el lunes 20 de mayo. Ese mismo día, la revista Ciné-Jeunes estimaba también que el Festival de Cannes había "muerto" y que no sería "nunca más lo que era".
Los críticos se equivocaron. No sólo el Festival siguió siendo lo que era, sino que el movimiento de los directores lo amplió al fundar una de sus secciones paralelas, la Quincena de los Realizadores, que celebra ahora su 40 aniversario.
Y Cannes conmemora en su 61 edición aquel mayo del 68, programando las películas que entonces no pudieron proyectarse, entre ellas la de Carlos Saura.