A través de canciones amorosas de influencia medieval y música profana, la intérprete inició el recorrido musical con la pieza "Cantigas de Santa María", de Alfonso X "El Sabio", siglo XIII, en la cual se mostró la finura y sensibilidad de la cantante al ejecutar esta obra.
Luego siguieron las piezas "Llibre vermell", anónimo, siglo XIV y "Cantigas de amigo", de Martín Codax, del siglo XIV.
Mediante cantos que transmitieron amor, paz y sensibilidad, Guerrero continuó la velada con dos piezas árabes tradicionales: "Cuando os juntéis como amigos" y "Me visitó mi amado", que nuevamente fue ovacionada por los asistentes.
Le siguieron "Cantigas sefardíes", obra tradicional de la cual se desprenden "A la una yo nací", "Scalerica de oro", "Alevanta Djaco" y "Chapkin te quiero".
Posteriormente, la cantante pasó a los siglos XV y XVI a través de Cancioneros Olifónicos Españoles e interpretó "Más vale trocar", "Dime triste corazón", "D aquel fraire flaco" y "Bésame y abrazáme", las cuales cautivaron a los asistentes.
Para finalizar, Rita Guerrero, acompañada por los músicos Mejía y Larios, interpretó Polifonía en América, a través de las obras "Hanacpachap cusicuinin" y "Tonantzin cuicatl", así como "Tonos Humanos", del siglo XVII, de la cual se desprenden las piezas "Esquiva adorarda Europa", "Apostemos que venzo" y "Ay que me río de amor", para recibir fuertes ovaciones del público.
El repertorio que conformó este recital se extiende a lo largo de cinco siglos y abarca geografías distantes, aunque se puede transitar a través de él con suavidad, pues está provisto de interconexiones que en lo absoluto diluyen el espíritu de cada estilo en particular.